El llamado al ministerio
La vocación no es un privilegio reservado a unos pocos, sino una invitación que Dios dirige a quien Él quiere y cuando Él quiere. Muchas veces se manifiesta como una inquietud silenciosa: el deseo de servir, de acercar a Cristo a los demás, de entregar la vida por el Evangelio.
En la ICAC, siguiendo el espíritu de San Carlos Duarte Costa, entendemos el ministerio ordenado como un servicio cercano al pueblo, libre de rigideces innecesarias, y abierto — en fidelidad al Evangelio — tanto al celibato apostólico como, según el discernimiento de cada caso, al ministerio de hombres casados.
Vocaciones al servicio de la Iglesia
Diferentes formas de responder al llamado de Dios dentro de la ICAC.
Presbiterado
El sacerdote preside la Eucaristía, celebra los sacramentos y guía pastoralmente a su comunidad, en fidelidad a la Tradición, al Pueblo y a la Justicia.
Diaconado
El diácono sirve a la Palabra, a la caridad y a la liturgia, acompañando al presbítero y a la comunidad en su vida cotidiana de fe.
Vida laical comprometida
No todo llamado conduce al altar: también se puede servir a la Iglesia como catequista, animador comunitario o colaborador pastoral permanente.
¿Qué buscamos en un candidato?
¿Cómo comenzar?
Un camino sencillo, pensado para que puedas discernir sin presiones.
Conoce el Instituto Nacional de Estudios Teológicos San Carlos de Brasil
Documentos requeridos
Para iniciar el proceso de admisión como postulante, deberás presentar los siguientes documentos:
🔍 La evaluación psicológica es un requisito indispensable al inicio del proceso vocacional. Buscamos asegurar la idoneidad y madurez de los candidatos, para que el ministerio sea ejercido con plena conciencia, salud y estabilidad personal.
Nota: Si no eres miembro de la ICAC, una vez expresado tu interés vocacional, deberás solicitar la admisión a la comunión con la ICAC a través del procedimiento catequístico de admisión establecido.
La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. — Mateo 9, 37-38
Da el primer paso
No tengas miedo de compartir lo que sientes. Estamos aquí para escucharte y acompañarte, sin ningún compromiso.