Primer fundamento
El presbiterado encarnado y el celibato opcional
Un ministerio que no exige separarse del mundo, sino vivirlo desde dentro.
En la ICAC, un sacerdote puede casarse, formar una familia y ejercer su ministerio desde ahí — no a pesar de su vida conyugal, sino a través de ella. Esto no es una concesión moderna: es una restauración de la práctica de la Iglesia primitiva, donde el presbiterado fue ejercido mayoritariamente por hombres casados. San Pablo mismo escribió: "Sea el obispo irreprochable, marido de una sola mujer" (1 Timoteo 3,2). El celibato obligatorio no es un dogma del catolicismo, sino una disciplina particular que Roma impuso en Occidente hasta el siglo XI.
Espacio para fotografía de un sacerdote de la ICAC con su familia, o ilustración del ministerio encarnado.
¿Por qué lo sostenemos?
San Carlos Duarte Costa fue directo sobre este punto: veía en el celibato obligatorio no solo una carga innecesaria, sino un instrumento que, mal gestionado, había ocultado más de un problema dentro del clero romano. Su alternativa no fue relajar la exigencia moral del sacerdocio, sino reconocer que la vida conyugal y la vida ministerial no son incompatibles.
Una sucesión apostólica que no se rompe
Es importante aclarar algo que a veces se malinterpreta: permitir el matrimonio del clero no rompe la sucesión apostólica ni la validez de nuestros sacramentos. La consagración episcopal de San Carlos Duarte Costa en 1924 fue reconocida como válida incluso por jerarcas de la Iglesia Romana. Nuestra libertad para restaurar el ministerio encarnado se ejerce precisamente desde esa sucesión válida, no en contra de ella.